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Calles

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MensajeTema: Calles Dom Nov 13, 2011 6:59 pm


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Elena B. Gilbert
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MensajeTema: Re: Calles Dom Nov 20, 2011 10:15 am

Lunes || 2:50 A.M || Katherine
Las calles del pueblo, a esas horas de la noche, estaban presas por las sombras y el silencio. La luz de una de las farolas de la calle principal titubeaba incesantemente hasta apagarse; como el último halo de vida de aquella humana que se encontraba desfallecida en los brazos de su depredador. El individuo arrojó sin esfuerzo el cadáver de la joven en la penumbra; un lugar que sería altamente visible en un par de horas. Pero aquello era lo que estaba buscando. Sus acciones no eran su problema, sino el de su hermano. Todos los asesinatos quedarían a cargo de la insultante moralidad de Stefan. Él sería el responsable. Quería provocar la furia de su hermano, que recordara quién era. Un vampiro. Un asesino.

Había una chica más junto a Damon, que rondaría la misma edad que la otra víctima. Permanecía inmóvil, sollozando en silencio y observando la aterradora escena sobrecogida. Damon ladeó la cabeza hacia ella y clavó fieramente su mirada endemoniada en sus ojos llorosos y temblorosos. Una pérfida sonrisa se hizo paso en sus labios manchados en sangre, mostrando unos pronunciados colmillos tintados por aquel líquido rojizo. La muchacha ahogó un grito de dolor en cuanto los colmillos de Damon traspasaron la piel de su cuello lentamente. Y succionó.

El dolor se convirtió en placer para la chica, y sus labios se entreabrieron para dejar paso a constantes gemidos. La víctima, que se encontraba apoyada contra la farola, se aferró a la chaqueta de cuero del depredador, apoyando su mentón en el hombro de éste para sentirlo más intensamente. Los dedos de ella se retorcieron en la mata de cabello negro de Damon; demasiado inhumano, cautivador e irreal para ser cierto. Las fuerza con la que se aferraba al cuerpo de su asesino con desespero empezó a flaquear en cuanto su vida se iba apagando paulatinamente. Los dedos de la chica se deslizaron por la chaqueta de cuero del vampiro.

¡Plof!. La joven se desplomó a sus pies.

Damon alzó el mentón con la boca entreabierta, embriagándose del néctar que seguía llameando en su garganta hasta llenar su muerto organismo de Poder. Las venas envenenadas que sombreaban sus mejillas iban desapareciendo pausadamente. Se pasó la lengua por sus delineados labios y regresó sus pupilas negras en los cuerpos sin vida de sus víctimas. Tú limpiarás esto, hermano. Sonrió de forma sarcástica y, acomodándose su chaqueta en un movimiento de hombros, emprendió la marcha. Sus pasos eran los únicos que hacían eco en las calles desoladas de Mystic Falls. Pero de pronto, se unieron otros.




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Damon G. Salvatore
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MensajeTema: Re: Calles Dom Nov 20, 2011 10:44 am

Lunes || 2:50 A.M || Damon

Sus preciosos tacones rondaban las calles vacías de Mystic Falls. Se preguntaba quién y de qué manera podría perturbar su caza. Cualquiera podía caer en las redes de la muchacha y muchos lo habían hecho ya, porqué mentir. Enfundada en sus pitillos, con su larga melena rizada y su tentador escote se hizo paso en el Mystic Grill, sin llamar la atención de aquellos que pudieran conocer a su réplica. Uno, dos, e incluso tres. Un pequeño mordisco, quizá no sólo eso y después les hacía olvidar, mandándolos a algún lugar a curarse esas heridas con alguna excusa. No necesitaba esforzarse demasiado.

Metida en el baño del Grill y saciada de hemoglobina, se retocó el cabello para continuar con su paseo. Paseo que cabe decirse, se alargó durante eternas y eternas horas.

Ante miradas curiosas, sonreía, interpretando su papel de adorable humana condenada a una vida normal en un aburrido pueblo, con las manos ocultas en su chaqueta y la inocencia pintada en el rostro. Horas más tarde, las calles desiertas se volverían aburridas. Demasiado para aquella que requería siempre la atención necesaria para sí misma. Pero el juego llegó a sus oídos. Con quinientos años de experiencia, sus ya de por sí sentidos extradesarrollados, superaban a los de cualquier otro vampiro de los alrededores, y más allá. Ella era de los más antiguos, cabía decirse. Quinientos años no debían subestimarse. Fue con éstos con los que pudo oír el grito ahogado de una víctima. Una víctima a la que, algún compañero de condición desangró instantes después. El golpe sordo de su cuerpo contra el suelo, fue audible para la vampiresa, que ya daba la vuelta a una esquina para encontrarse con la visión de su camarada.

O quizá algo más que él. Allí, bajo una lámpara iluminado y con el cadáver de la jóven a sus pies pudo distinguir la figura del mayor de los hermanos Salvatore. Cabía decirse que había cambiado, y para bien. Demasiado para bien.

Tac, tac, tac.

La vampiresa permitió que la luz de la lámpara bañara su rostro, pintado en el más suave cuadro, con los más delicados pinceles y con una única pintura: el pecado. Alzó una ceja a modo de saludo y ladeó la cabeza sin ocultar el repaso que le dió al completo al chico, enfundado en esa chaqueta, que remarcaba sus brazos. Sonrió ante su expresión de sorpresa y miró al suelo, a su cena, o los restos de ella, para acercarse hacia él y rodearlo lentamente, cual carroñera, mirándolo a los ojos y sin ocultar esa sonrisita:

- Sangre fresca... ¿eh? -comentó ella, pasando hacia su espalda, rodeándolo y volviendo a su posición inicial con mucha parsimonia. La forma en la que articuló las palabras fue cruel, pícara. Y así, es cómo se hace. -recordó ella.
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Katerina A. Petrova
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MensajeTema: Re: Calles Lun Nov 21, 2011 6:16 am

El depredador se detuvo de repente, sin voltearse, con una expresión de perplejidad tintada en sus facciones agresivas. Aquellos pasos ajenos se acercaban paulatinamente donde su ubicación. Venían a él. Por un momento pensó en su hermano, aquel que se dedicaría a limpiar la mierda que sus acciones despiadadas iban causando. Sin embargo descartó la idea de inmediato. Lo más sorprendente es que el calzado de la persona que se acercaba hacia él eran los tacones de una mujer. Terminó por ladear la cabeza hacia atrás y contemplar (asegurarse) de reojo que las dos víctimas seguían desfallecidas bajo la luz vacilante de la farola.

Los cuerpos seguían tendidos en el lugar exacto donde habían caído hacía apenas unos minutos. Y los pasos, aquellos pasos procedentes de la oscuridad seguían resonando por la calzada. Cada vez más cercanos. Cada vez más conocidos. Muy probablemente el vampiro desalmado no estuviera preparado para lo que vendría a continuación. Quizás nunca lo hubiera estado. Puede que aquellos ciento cuarenta y cinco años en la búsqueda de un modo para sacar a su amada no le prepararon para afrontar lo que vendría. Muchas fueron las veces en las que se había resignado a esperar tortuosamente. Aguardar años para volver a tener otra oportunidad.

Su plan diabólico, aquel que le había arrastrado torrencialmente hasta el pueblo, era esa anhelada oportunidad. El cuerpo de Damon se volteó para encararse con el sujeto que prontamente sería desenmascarado por la luz titubeante de la farola. El rostro cruel de Damon se descompuso y su cuerpo se tensó por inercia cuando el rostro de la mujer tomó forma. Algo dentro de él se estrujó dolorosamente y le sacudió por completo. Su cuerpo estaba inmovilizado, sus articulaciones no respondían y sus ojos congelados no dejaban de admirarla. Pudieron pasar segundos, minutos e incluso horas, pero las palabras de Damon se congelaron en su garganta, impidiéndole pronunciarse.

Abrumado, como en los viejos tiempos, se dedicó a moverse lentamente, siguiendo sus movimientos como un títere. Tragó amargamente. Había caído en un pozo sin fondo, y seguía cayendo. Damon no pensaba ni reaccionaba con claridad cuando estaba con Katherine. Y es por ese motivo por el que, en un desplazamiento invisible a ojo humano, se plantó a pocos centímetros del rostro de la mujer, adorándola con sus ojos como lo hacía antaño. Alzó sus ásperos dedos y rozó sutilmente las mejillas de la vampira, asegurándose de que se encontraba allí con él. - ¿Katherine? - susurró en un hilo de voz.




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MensajeTema: Re: Calles Lun Nov 21, 2011 10:31 am

La calle seguía y seguiría desierta durante horas. A nadie le importaba que ella o cualquier otro se dedicara a maquinar alguna cruel forma de jugar con alguien, o de beberse la sangre de inocentes que deberían tener más cuidado. Ellos únicamente dormían en sus casas, ajenos a lo que pudiera pasar fuera. El ser humano era egoísta por naturaleza, y Katherine había dejado que esa parte de su forma de ser topara límites indescriptibles. Cabe decirse que el rostro del Salvatore le agradó. Por alguna extraña razón, no creía que aquella imagen pudiera dejar ver al antiguo Damon, a su pobre e inocente Damon. Parpadeó dos veces seguidas ante su reacción y algo en su interior empezó a fundirse.

¿Su alma congelada, quizá?

El contacto de sus dedos en su rostro, Katerina desvió la mirada hacia ellos, lentamente, para retornarla a la mirada de él. Descendió segundos después hasta sus labios. Miles de recuerdos afloraron en su mente, uno tras otro, cómo un torrente. Frunció el ceño levemente y suspiró. Podía hacerlo, podía dejarse llevar y después simplemente decirle la verdad. No lo amaba. No, no lo hacía. Simplemente le gustaba la manera en la que él si lo hacía. No quería a Damon. Únicamente su atención. Dejó reposar su rostro en la mano de él.

- ¿Me has echado de menos?. - pronunció ella, suavemente. Paseó sus labios sobre cada una de las letras de las palabras y sonrió al final. Cómo si después de tanto tiempo, ni un segundo hubiera pasado.

Su movimiento fue únicamente un paso, un paso más hacia el abismo en el que probablemente ambos se arrojarían. Se acercó a él, alargando su brazo para colocar su mano allí dónde justo una vez había encontrado un cálido pecho dónde dormir. Su sonrisa aumentó, a la vez que su espalda se doblaba lentamente, dejando que su cuerpo chocara con el de él levemente. Un roce y una mirada.

El juego acababa de empezar.
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Katerina A. Petrova
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MensajeTema: Re: Calles Lun Nov 21, 2011 12:21 pm

Katherine le arrebató su humanidad. A él y a su hermano. Y eso era algo irrecuperable. Por ese motivo la estupidez de Stefan le resultaba vomitiva. ¿Hacerse pasar por uno de ellos?, ¿vivir como uno de ellos?, ¿junto a ellos? ¿¡Par qué!? Le había recriminado una y otra vez. Se negaba a lo que era, al Poder que la sangre humana le ofrecía, resignándose a los truquitos de salón al tomar sangre de ardillas. Damon, todavía estupefacto, seguía adorándola. Podría llegar a odiar a Katherine por muchas cosas, y lo hacía, claro que lo hacía. Le jodió la existencia tanto a él como a su hermano. Y todo resultó ser una farsa. Damon murió por ella. Sus pupilas temblaron, aunque sus dedos seguían perfilando el rostro de Katherine inconscientemente. Pero lo que más odiaba el vampiro, incluso por encima de todo el engaño, es que todo lo que vivió y sintió fue real para él. Y era muy consciente de ello.

Por unos instantes el tiempo pareció retroceder hasta 1864. Al fin y al cabo los dos eran unos fantasmas del pasado que se reencontraban en el mismo pueblo donde todo empezó. Por aquel tiempo las calle principal donde ahora se encontraban formaba parte del frondoso y verdinegro bosque. Muchas de las noches en la que los amantes se encontraban habían salido por el bosque, ya que Damon quería aprender todo de ella para cuando estuvieran juntos para siempre. El mayor de los hermanos Salvatore había presenciando incontables veces los asesinatos de la señorita Pierce, convirtiéndose en su fiel cómplice. Por aquellos tiempos él lo hubiera dado todo por ella, o quizás era su orgullo, sus celos y su arrogancia lo que le hacían creer aquello y enfermar de un amor dañino y letal.

Damon había apagado sus emociones durante largos siglos. Y ahora éstas parecían arremeter contra él hasta aturdirle. Una leve pero visible y estúpida sonrisa surcó su rostro unos instantes. Los recuerdos le embargaron de un modo en que confundía el pasado con el presente. La noción del tiempo y todo lo demás se había entremezclado hasta impedirle reaccionar. Quizás era la pícara sonrisa de Katherine a esa escasa distancia, o sus gestos y susurros embaucadores que seguían atándole sin reparo posible. Era un demonio. Una zorra egoísta, caprichosa y seductora.

El ceño de Damon se frunció y sus manos se deslizaron hasta caer en seco. Ella se apegó a su cuerpo, apoyando su cabeza en su pecho, como si todo volviera a encajar como antes, aunque distaba de ello. El vampiro tragó saliva, conmocionado, mientras sus ojos se perdían en la lejanía.
No se atrevió a tocarla ni a mirarla, se mantuvo quieto e inmóvil. Sabía lo que ocurriría si lo hacía. Caería en la tencación. - Mucho más que tú a mí, debo decir. - respondió, arrugando la nariz y torciendo el gesto con desprecio. Su tono de voz denotaba rencor. Y no pudo evitarlo, aquel Damon enterrado salió de nuevo a la luz. Regresó lentamente su mirada taciturna en los ojos nocivos de ella. - ¿Mi amor no fue suficiente, Katherine? - ¿tuviste que mentirme a mí y a mi hermano acerca de tu muerte? Quiso continuar, pero meter a su hermano en la conversación le enfermaba.




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Damon G. Salvatore
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MensajeTema: Re: Calles Lun Nov 21, 2011 12:51 pm

Su mirada pasó por su mentón, desde su posición, recordando el contacto de éste con sus colmillos, el placer de una sangre brindada por voluntad. El recuerdo de un corazón entregado. Por un segundo, la sangre de Damon resbalaba por su mejilla una vez más, lentamente, a la vez que él apartaba esa sangre de su cara. 1864 fue el mejor año de su vida, por un pequeño periodo pudo incluso olvidar a que se enfrontaba. Fue cómo si tumbara el reloj de arena, deteniéndo el tiempo en los dos lados. Cuando todo contacto de su parte había sido reducido, Katherine únicamente, hizo lo propio, separándose también, deslizando su mano hasta el abdómen, para dejarla caer después alrededor de su cuerpo.

Fue lo suficientemente considerada cómo para no quitarle la razón ante tal afirmación, al fin y al cabo, no quería a Damon. ¿Cómo podía echarle de menos? Y lo que era más importante, ¿cómo podía echarlo de menos, si siempre sería suyo? Quizá esa fuera la razón por la que ella jugaba con él. Los sentimientos que él profesaba hacia ella eran mucho más fuertes que los de ella, siempre lo habían sido, y mucho más tras su transformación. Los de ella eran algo más modesto. No era capaz de amarse a ella misma y a dos personas más a la vez, así que se declinó por Stefan. Por el que jamás podría tener. Siendo sinceros, Katherine tuvo miedo a no corresponder a los sentimientos de Damon, por lo menos cuando cayó en la cuenta de que en cierta manera lo amaba. Más tarde, la sangre y los sentimientos hacia su hermano, borrarían la culpa.

Amó a Damon y también a Stefan, pero su corazón no había sido jamás un hogar para nadie. No, únicamente albergaba lugar para ella misma.

- Mi pobre, e inocente Damon. - susurró ella, acercándose a los labios de él, a la vez que rodeaba el cuello de él con las manos y pasaba su mirada de las joyas azules a los labios. Ladeó el rostro acercándose un poco más. - Conocías mi dilema, ¿verdad?

Su nariz resbaló por su mejilla, levemente, olvidándo ese beso cómo si hubiera encontrado algo mucho más interesante. Sus labios llegaron hasta su oreja y la mentira surgió de sus labios pecaminosos.

- He vuelto a buscarte... - Katherine dejó que el aire saliera de sus pulmones en un suspiro, junto a su mentira. Iría al infierno, pero no importaba, no pensaba morir.

Su cabecita pensante se había adelantado a sus sentimientos otra vez. El Salvatore le sería de ayuda para encontrar a la réplica, para encontrar la daga, para encontrar la piedra. Le serviría para atraer al híbrido, y una vez se asegurara de que le clavara la estaca a Klaus, podría ver a Stefan. Incluso a ella le pareció cruel. Regresó a su posición anterior y cualquiera habría jurado, que sus ojos, humedecidos por la mentira, ocultaban un terror mucho más profundo que el que ella misma pudiera ver.
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MensajeTema: Re: Calles Mar Nov 22, 2011 12:58 pm

Damon volvía a convertirse en la presa. En el títere que fue durante sus últimos años como humano. La arrogancia que presentaba por aquel entonces le había hecho cometer miles de locuras. A pesar de la desaprobación de su padre dejó el ejército confederado, y no tan sólo porque la opinión del patriarca le importaba tres pimientos; el motivo primordial fue Katherine. Jamás se le había dado bien fingir, y el hecho de pensar en que Stefan podría competir por el afecto de su amada libremente le carcomía las entrañas. Su interior albergó un odio que perduraría hasta estos días. Ese Damon volvía a salir a la luz. El arrogante, el celoso y el manipulable Damon.

La había echado de menos. Muchísimo. Demasiado. En ocasiones la eternidad le había sabido a poco. Era una tortura constante donde el recuerdo de Katherine le sacudía de forma exasperante. Ella no volvía. Pero sí su recuerdo, tan permanente y vívido en su mente como los rayos del sol quemándose en su piel. Durante mucho tiempo vivió con su recuerdo, con esa dosis de realidad que con el tiempo se convirtió en una droga letal. En una obsesión que le llevó a indagar en lo imposible para convertirlo en posible. Creyó poder traerla de vuelta. Katherine probablemente jamás sabría el infierno que vivió sin ella. Siempre supo que el egoísmo de la vampira no tenía límites, pero el amor que parecía profesar por él fue tan real... como el que profesó por su hermano.

Damon permaneció inmóvil, sin moverse ni un ápice de su posición. Sus manos estaban cerradas fuertemente en un puño, sintiendo como el anillo que Katherine le regaló se apretaba contra su dedo hasta quemarle. El vampiro seguía con el mentón alzado, mientras que sus facciones viriles se endurecían y sus labios se oprimían en una línea recta. Sentir el roce de los labios de Katherine y su plácida respiración le nublaron la mente unos segundos. Además, cometió el error de bajar su mirada hasta toparse con la de ella, tan diabólicamente seductora como siempre. Parpadeó un segundo y apretó la mandíbula con el ceño fruncido, haciéndose el fuerte. Tenía muchas preguntas. Muchas.

Pero el depredador, el vampiro fiero y monstruoso en el que se había convertido tenía que reaccionar para afrontar la situación. Damon tenía que aplicar aquello que había hecho durante siglos: apagar sus emociones.

He vuelto a buscarte.

Los orbes azulados de Damon se congelaron mientras que las palabras venenosas de Katherine resonaban una y otra vez por su oído. La mirada de Damon se tornó recelosa y sarcástica. Damon había vuelto. La tomó fuertemente por su brazo con una de sus manos y la apartó de su cuerpo en un grosero empujón. - Mientes. - escupió, con arrogancia. - Creí durante años que te había perdido... Y todo fue un engaño. Sé que me estás mintiendo también ahora, Katherine. No soy estúpido. - gruñó ente dientes, dejando al descubierto sus rasgos enfurecidos. - ¿A qué has venido realmente?, ¿qué pretendes? - cuestionó acusadoramente, sin apartar sus ojos entrecerrados y cargados de dolor de la vampira.




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Damon G. Salvatore
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MensajeTema: Re: Calles Miér Nov 23, 2011 7:45 am

Se apartó, obligada por el firme brazo del vampiro, que la empujó lejos de él. Su rostro abandonó cualquier inocencia, o cualquier sonrisita. Se transformó en una mueca, a la vez que negaba con la cabeza, mirándolo. Entrecerraba la mirada, la acusaba, la miraba casi con desprecio y la chica hizo pucheros. Sí, cómo si fuera una pequeña consentida, o más bien, cómo buena niña consentida. Ladeó la cabeza, mirándole escrutadora a la vez que colocaba una mano en la cadera. ¿Estaba restregándole haberse ido? ¿Haber mentido? Katerina únicamente elevó los labios en una pequeña sonrisa ladina, mientras seguía observándolo, ahí enfadado. Únicamente lo ignoró, porque si algo sabía, es que él la amaba, y se columpiaba en ello. Ser amada era algo reconfortante, sin duda, y más para una fugitiva de tal prestigio.

Tras su pregunta, la verdadera razón por la que había vuelto al pueblo vino a su cabeza: la existencia de aquella daga. Una milagrosa daga que podría quitarle todos los problemas. Un movimiento. Un pequeño sonido y el antiguo corazón del original se pudriría. Podría vivir. Era egoísta por su parte, coleccionar corazones rotos y querer tener su atención al volver, pero ella era así. Ni se inmutó ante su mirada impregnada de odio.

Parpadeó, dos veces seguidas, lentamente.

Estaba frente a él, contra una pared. Había arrastrado su cuerpo hasta esta, sin ser dura en el proceso, sino que lo había arrastrado lejos de la luz, y se había acercado, guardando la distancia, cosa extraña en ella. Su mirada descendió y volvió a subir por todo su cuerpo.

- La pregunta es, ¿qué pretendes , corazón? - se quedó en su sitio, gesticulando con la maldad pintada en el rostro. La oscuridad a la que lo había arrastrado era parte del juego.

- ¿Pretendes hacer que no te importa? ¿O quizá, pretendes creer podría dejar de importarte? - dejó caer su brazo alrededor del cuerpo. Superpuso el labio inferior al superior y siguió mirándole: - ¿Pretendes ser el chico malo? ¿Ya no me quieres?- dijo ella, entonces con una risita cruel, y un puchero. Se deshizo del espacio que los separaba, en un rápido movimiento. Paseó dos dedos por su pecho, ascendiendo por éste y llevándolos después hasta sus labios, para ocultar esa risita. Terminado ya su juego, le devolvió su mirada cruel, entrecerrando la mirada y de sus preciosos labios de fresa, surgió la provocación:

- Tomáme o déjame, y ambos sabemos que sólo puedes elegir una.
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Katerina A. Petrova
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MensajeTema: Re: Calles Jue Nov 24, 2011 4:40 am

El fiero e impulsivo vampiro apremió los puños hasta hacerse crujir los huesos de los nudillos. Sus ojos color cielo se había tornado oscuros. Eran ráfagas de fuego revoloteando alrededor de sus irises mientras contemplaba aquel rostro, su más desdichada condena. Damon se dividió en dos partes; una de sus partes se mantenía fría, sin perder el control, pensando con claridad. Esa parte le hacía saber que Katherine no había vuelto por él, que quizás tardó en comprenderlo, pero que Katherine no quería a nadie que no fuera así misma. Era una zorra y caprichosa vampira que lo manipuló sin importarle lo más mínimo los sentimientos que él le profesó. Sin embargo, había la otra parte. Aquella que a grandes velocidades volvía a sucumbir en las mortíferas redes de Katherine.

Porque todo ardía de un momento a otro cuando Katherine se colaba en sus recuerdos y lo empujaba al abismo del mismísimo averno. Repelía esa voz. Odiaba esa picardía. Adoraba esa sátira. Amaba esa ironía. De ser un perro habría huido al reconocer ese sonido. De ser un gato habría huido al reconocer ese perfume que lo empujaba a deshacerse de su ropa y poseerla con fiereza allí mismo. Ella habló y Damon despertó como quien enciende una bombilla en medio de la oscuridad para dejar paso a la realidad. Ese par de orbes celestes se aparejaron con los de Katherine, con altivez y con la expresión más sombría que de costumbre. La posición rígida de Damon pudo destensarse durante unos segundos, ya que Katherine, luego de aquel gesto de desprecio de Damon se apoyó en la pared cercana. La forma de niña caprichosa y coqueta de sonreír, o la picardía en su mirada, le hacían enfermar.

Arrugó la nariz y sonrió de forma cínica; la única respuesta que le otorgó cuando ella le asaltó con una pregunta en pos de ignorar la suya. En el instante en el que el depredador entreabrió sus labios sellados para soltar alguno de sus irónicos e hirientes comentarios, Katherine se acercó a él en un movimiento inesperado. Los ojos de Damon se congelaron y su respiración cesó debido a los pocos centímetros que les separaban, aturdiéndole como de costumbre. Frunció el ceño. - Que encuentres lo que buscas, Katherine. - soltó con cansancio, con las facciones resentidas, con el dolor recorriéndole por todo el cuerpo hasta hacerle flaquear. Damon pretendía irse de allí antes de volver a caer en la trampa de Katherine. Y lo hubiera hecho si aquellas palabras no hubieran acariciado sus oídos como la lengua de una serpiente.

Los labios de Damon se posaron en los de Katherine un instante, tentando a su orgullo y perseverancia. Apretó los dientes y las mandíbulas del vampiro se tensaron en una mueca de odio. Volvió a subir su ojos resentidos intentando, en vano, perforar la mirada divertida y seductora de Katherine. Enfurecido y fuera de sus cabales, en un impulso atrapó entre sus manos el cuello de la vampira y la estampó, sin soltarla, contra la pared. Estuvo durante unos segundos sin liberarla, sin ceder a los destructores encantos de la vampira a pesar de no apartar ni un instante su mirada de la de ella. Pero la cercanía terminó por romper su flaqueable obstinación por no volver a caer. Pero lo que sentía se interpuso a lo que intentaba apagar. Y cayó. En un impulso unió con fiereza sus labios con los de Katherine luego de soltarla del cuello. Gimoteó en sus labios con desespero mientras los movía con avidez sobre los suyos, embriagándose de aquel veneno que acabaría con él.




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MensajeTema: Re: Calles Jue Nov 24, 2011 9:21 am

Cómo si hubiera atrapado a una pequeña mariposa en sus redes, llevándola hasta dónde quería, lo atrapó en sus redes una vez más. Oh, y vuelta a empezar.

Esperó, cautelosa a que fuera él quien dejara de reprimir sus instintos y, una vez lo hizo, prosiguió la marcha, continuando la partida de un juego que había pausado ciento cuarenta y cinco años atrás. Una vez la descontrolada tanda de besos carentes de delicadeza y con una parte mortalmente efusiva comenzó, Katherine se sintió otra vez en casa. Sorprendida, cabe decirse que también. En vida, el muchacho no había sido sino un poble romántico con falta de amor paternal y la ausencia de una figura maternal, que la amó con su gran corazoncito humano. Aquel mismo que bombeó la sangre de la que ella se alimentaría.

Alzó la mano, para buscar un punto de apoyo entre tanto traqueteo, aferrándose al cuello de él, a la vez que profundizaba en aquel beso, forjado en lo más hondo de ambos. Frustrado, fiero. Katerina se aferró al cabello de él, atrayéndolo más y más, cómo si la distancia que existia entre ellos -prácticamente nula- oscureciera su ya marchita y podrida alma. Tenía la atención suficiente, la más deseada. Los labios de él sobre los suyos, el contacto. El frío de las solitarias noches de carrera y el silencio de una noche gélida en soledad, quedaban atrás. Surcaba terrenos conocidos.

Volvía a casa.
Katerina había vuelto para volver a enamorarse de ellos, cosa, que todavía no sabía.
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