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Lápidas

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MensajeTema: Lápidas Miér Nov 16, 2011 6:56 pm

Lápidas

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Erick Von Hevesy
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MensajeTema: Re: Lápidas Sáb Nov 19, 2011 10:23 pm

Domingo || 18:15 hrs || Libre
Un temprano crepúsculo cubre el cielo, dándole toques anaranjados y rojizos. Elena alza los ojos de su diario y su ceño se frunce al notar lo corto del día durante el invierno. Le parecían escasos los minutos que llevaba ahí, sentada sobre el frío cemento al lado de la lápida de sus padres. Siente que no va hacia ninguna parte, que está en un punto muerto en su vida. No puede vivir añorando algo que no regresará, lo quiera o no su vida y la de su hermano jamás será la misma. Pero está harta, cansada de las falsas sonrisas que debe regalar cada día, esas que ni ella misma se cree pero que son suficientes para mantener tranquilos a los demás.

Un vaho de vapor sale de sus labios cuando respira, puede verlo y también sentir el seco frío de la estación. Sabe que el cementerio no es un lugar adecuado, pero es lo único que tiene y a lo cual se aferra. Ahí están sus padres, se siente más cerca de ellos y no debe fingir que nada ocurre y que todo va bien. Porque no es así. Jenna se esfuerza en tomar el rol maternal y ella se lo agracede profundamente, entiende que es difícil e intenta no ser una carga, pero su hermano Jeremy le preocupa. No sabe cómo ayudarlo y cada día que pasa empeora, siente un muro entre ellos que poco a poco se hace más grueso e impenetrable. Y no va a permitirlo. No se quedará sentada observando cómo su hermano destruye su vida. Pero otra vez vuelve a lo mismo. ¿Qué ejemplo está dando ella?. Una mueca irónica que no alcanza a ser sonrisa surca su rostro. No. Tiene que cambiar, y lo va a hacer. No precisamente por ella, pero ni Jeremy ni Jenna se merecen la actitud sombría que está tomando.

Sus ojos pardos releen las últimas palabras escritas en su diario, apartando la mirada del cielo que poco a poco va perdiendo su luz. "No sé que puedo hacer por Jeremy, no puedo acercarme. Sé que mis padres sabrían qué hacer, ellos lo solucionaban todo, siempre sabían hacernos entrar en razón." Pero ha estado los últimos cuatro meses ignorando la respuesta. Es ella misma la que debe seguir con su vida, ser feliz como lo era antes y no pasar los domingos por la tarde- y casi todos los días- en el cementerio. Cierra cuidadosamente su diario y lo guarda en su bolso antes de ponerse de pie lentamente. Lleva mucho tiempo sentada y sus huesos y músculos están entumecidos por el frío y la postura que tenía.

Dirige una última mirada a la tumba de sus padres y se despide con una melancólica sonrisa de ellos, como si pudieran verla. Un suspiro sale de sus labios mientras acomoda su abrigo, sus ojos recorren el lugar, teniendo de pronto aquella sensación de que no está sola. Sus cejas de fruncen intentando agudizar la vista, gesto que sólo dura un segundo, pues no ve a nadie por ahí cerca, la luz solar tampoco ayuda, pues el día comienza a llegar a su fin.


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MensajeTema: Re: Lápidas Dom Nov 20, 2011 7:32 am

Desde una de las ramas del árbol más cercano al pórtico del cementerio, un par de ojos oscuros y calculadores curioseaban a una joven de ojos cafés adentrarse en el mismo. El enorme cuervo azabache estaba tieso en su lugar, examinándola como lo haría una persona, desde la protección de las sombras. El cuervo agitó las alas y gruñó de un modo estremecedor, como si estuviera agonizando. Finalmente se alzó al vuelo y desplegó sus alas hasta fundirse con el horizonte. No mucho más lejos se encontraba otra sombra, pero esta era muy distinta.

Tenía una mirada furtiva, depredadora. Sus ojos eran más claros que el cielo, pero aguardaban un dolor intenso apaciguado por el sufrimiento y el martirio ajeno. Se ubicaba detrás de una de las lápidas más altas, viejas y antiguas del cementerio. El depredador no podía ser visto por la chica de cabellos lisos debido a la considerable distancia. Pero él sí podía contemplarla. Damon tenía el Poder para hacerlo, otorgado por su condición, y lo hacía con ojos recelosos, titubeantes, abrumados. Aquella chica que se encontraba sentada y escribiendo en su diario tenía el rostro de su antiguo amor. Pero no era ella. Aquella chica de mirada afligida no era Katherine. ¿O sí? Los pocos minutos que transcurrieron le dejaron un sabor amargo en el paladar. Por unos segundos aquel rostro le dejó sin respiración. El parecido de la chica era sorprendente.

Y entre tanta consternación, una sorna sonrisa se dibujó en sus facciones agresivas. Su hermano, Stefan, aquel que se dedicaba a jugar a ser un humano, probablemente se fuera acercado a hablar con la chica para intentar averiguar de la forma más caballerosa posible quién era ella. Y de paso, repetir el pasado. El depredador ensanchó su sonrisa, más pérfida y oscura que la anterior. Damon, no obstante, era mucho más retorcido. Y sus métodos a la hora de averiguarlo serían muy distintos a los de su querido hermanito. Y llegó el momento en el que la joven muchacha se incorporó, dedicando una nostálgica sonrisa a aquel sepulcro antes de emprender el rumbo. Damon ladeó el rostro y entornó sus pupilas. Tan lóbrego como astuto, comprendió que los restos sepultados allí dentro debían de tratarse de algunos de los miembros familiares de la chica.

El rostro y la sonrisa retorcida de Damon se tornaron borrosos al desaparecerse en un sólo movimiento, imperceptible a ojo humano. De mientras, el cuervo manipulado por el depredador, aterrizó en una de las lápidas que daban con la joven. Ella observaba a su alrededor alertada, como si supiera que alguien la acechaba. Los ojos negros del cuervo se encontraron con los de la muchacha. Y de repente, el animal se dedicó a gruñir y a revolotear cerca de ella; pasando una y otra vez por encima de su cabeza, atormentándola. Y, segundos después, volvió a aterrizar en una de las lápidas cercanas. Chirriando y agitando sus alas negras violentamente.




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Damon G. Salvatore
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MensajeTema: Re: Lápidas Dom Nov 20, 2011 9:33 am

Lentamente suelta el aire que ha estado reteniendo en sus pulmones en forma de suspiro, casi convencida de que no hay nadie más ahí, con ella. Aunque segundos antes hubiese podido apostar a que alguien la observaba. Sin más que hacer por ahí se da media vuelta, haciendo que sus cabellos castaños revoloteen alrededor de su rostro. Su mirada se encuentra de golpe con un pozo negro sin fondo, los ojos del cuervo posado sobre la lápida próxima a ella la atrapan durante un par de segundos y se ve incapaz de apartar su vista. Los cuervos nunca habían sido sus animales favoritos, y aquel que está frente a ella le produce una especie de admiración y desconfianza. El plumaje brillante resplandece con la poca luz del lugar y sus ojos brillan, casi humanos. Elena no hace ademán de espantarlo, pues el ave no la ha molestado y ella no planea hacer lo mismo.

Retrocede cuidadosamente un paso para no asustar al animal, sin embargo de pronto éste alza el vuelo y chirriando de una manera que la joven creía imposible, se dirige exactamente hacia su cabeza, revoloteando violentamente a su alrededor. Un sonido ahogado sale de los labios de la humana, no alcanza a ser un grito por la sorpresa y el asombro. Oh Dios, ¿el cuervo estaba atacándola?. Asustada alza las manos en un intento de proteger su rostro de las garras del ave, el primer movimiento. Sus pies logran despegarse de la tierra, reaccionando por fin a correr. Los chillidos le nublan la mente, perturban sus pensamientos. Una de sus manos choca con la parte superior de una de las tétricas estatuas del lugar, y sabe que se ha abierto una herida, pero ni siquiera dirige su vista hacia allí.

Huye sin ver hacia dónde se dirige, guiada sólo por el deseo de salir de ahí, uno de sus pies pisa un desnivel en el suelo, torciéndose de manera antinatural y dolorosa, causándole un gemido de dolor, pero no detiene su paso. Y de pronto, de la misma forma tan rápida como sucedió todo, el cuervo la deja en paz y se posa sobre otra de las lápidas, observándola y agitando sus alas. Elena se voltea a mirar, pálida y aterrorizada por lo ocurrido. Siente el corazón golpear con fuerza en la base de su garganta y está tan conmocionada que no sabe si reír o llorar.

- ¿Qué diablos ha sido eso? -murmura para ella misma, con un hilo de voz. No se va a quedar a que algún tipo de explicación caiga del cielo, por supuesto que no. Y a paso rápido intenta poner lo máximo de distancia entre el misterioso cuervo y ella. No quiere apartar la vista de él, pues cree que si le da la espalda volverá a atacarla, por lo que retrocede hasta perderlo de vista. Aún está asustada cuando su espalda choca con un árbol y no se mueve de ahí en varios segundos, petrificada.


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MensajeTema: Re: Lápidas Dom Nov 20, 2011 11:49 am

El cruel vampiro de facciones agresivas se dedicó a seguir cada uno de los movimientos de la humana, acobijado en las sombras. El único y verdadero hogar al que él y su hermano pertenecían. Aunque éste último lo rechazara al negarse a aceptar quién era. Oculto pero peligrosamente cerca de la presencia de aquella humana que le había dejado sin aliento, se cercioró de que el parecido con su antiguo amor era inexplicable. Aquella chica era la réplica exacta de Katherine. ¿Por qué?, ¿qué parentesco tendría con Katherine? El depredador estaba fascinado por aquel parecido, por ese rostro idéntico al de ella. Fuese como fuere, aquella chica aterrorizada que zarandeaba sus brazos en el aire para alejar al cuervo que estaba bajo su manipulación iba a ser suya. Ya era suya.

Finalmente los pies de la humana reaccionaron luego del tormentoso encuentro con el animal, despegándose del suelo para salir corriendo sin rumbo, presa por el temor. A Damon le divertía esta situación. La diferencia entre él y su hermano era muy notable. Damon era retorcido, aceptaba su condición y explotaba sus poderes para hacer daño, para complacerse, para demostrar lo que era. En su fuero interno, Damon, sonreía de aquella forma entre sombría y burlesca al seguir contemplando a la humana. Y esto sólo acababa de empezar. Las piernas de la joven muchacha empezaron a flaquear debido a la conmoción por esa irreal escena sacada de una película de terror. La chica que huye presa de los nervios del asesino en serie. El hecho es que, Damon, era mucho más peligroso que un burdo asesino.

Y algo en ella captó la atención del cruel vampiro. Pocas eran las cosas que lograran remover algo en él. La curiosidad que había despertado la muchacha por su físico también lo estaba haciendo ahora; a pesar de la caída y de los tropiezos no se rendía. Sin embargo, aquello era una tapadera. Era una débil humana. Lo había demostrado al encontrarse en ese cementerio, afligida por la muerte de sus seres queridos. Insignificantes humanos, todos ellos. La chica había terminado apoyada contra un árbol, mientras Damon, tan teatrero como de costumbre, se dedicó a manipular el clima para hacer surgir de la nada una capa de neblina que obstruyera todo a su alrededor. Y el cuervo, que se encontraba todavía expectante en una de las lápidas, volvió a chirriar y a emprender el vuelo en dirección a la joven, como si fuera a estamparse contra ella. Pero en el último segundo sus alas se arquearon y su dirección cambió.

Había una sombra entre la niebla. Una figura que lentamente se acercaba hacia la humana, tomando forma de un hombre. La neblina fue cesando poco a poco, como la figura, que paró de moverse, quedando finalmente al descubierto: su habitual vestimenta de color negro hacían resaltar sus pálidas y viriles facciones. El depredador inclinó la cabeza y paseó sus orbes de un azul infinito por los rasgos de la joven. Parpadeó y le dedicó una torcida sonrisa.
- Perdóname, ¿te he asustado? No era mi intención. - le comunicó en un tono de voz fingidamente agradable. Ensanchó su sonrisa y su sarcasmo tintado en la misma lo delató. Sus ojos seguían examinándola con provocación.




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Damon G. Salvatore
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MensajeTema: Re: Lápidas Dom Nov 20, 2011 12:31 pm

Esta lista para marcharse, claro que lo está. A penas puede asimilar lo ocurrido, y se siente tonta, quizás era ella misma la que había exagerado todo. Era un simple cuervo. Un cuervo que la había atacado y seguido sin motivo, por supuesto, pero no dejaba de ser sólo un ave. Su corazón aún palpita con fuerza contra su pecho cuando gira levemente su rostro, notando algo que hasta ese momento había ignorado. Niebla. Mucha niebla. Su ceño se frunce ante la confusión y lo irreal que le parecía todo. Ahora sí está completamente segura de que aquella niebla no estaba antes y que sólo había aparecido en un margen de pocos segundos. Mira a su alrededor, auténticamente asustada.

El dolor agudo en su tobillo derecho captura su atención, le duele a horrores, pero no va a ser un estorbo si decide salir corriendo otra vez, opción que a cada segundo que pasa toma más fuerza. Un chillido escalofriantemente conocido rompe el tétrico silencio. Ahora ya no es sólo el latir de su corazón el que escucha, sino que un aleteo rápido y cada vez más cercano es lo único que oye. Sus ojos se abren con sorpresa y alerta, sintiendo otra vez la sangre huir de su rostro.

- No. -gimotea con una voz que no reconoce como suya. - No otra vez.- murmura a la vez que sus ojos escudriñan el lugar a una velocidad vertiginosa, pero la inoportuna niebla le dificulta la visión. Una exclamación sale de sus labios al ver de improvisto la imponente figura del ave dirigirse hacia su cara, cruza sus brazos sobre su rostro en un vago intento por protegerse, pero tan rápido como había aparecido, el cuervo cambia de dirección y se eleva por sobre su cabeza y Elena lo sigue con la vista.

Se sobresalta evidentemente y su espalda se golpea contra el tronco del árbol al ver de pronto a un hombre frente a ella. La niebla lentamente comienza a dispersarse y ahora puede distinguir con claridad lo que la rodea. Su pecho se mueve notoriamente con cada respiración que da, agitada por el susto que acaba de pasar. No despega su mirada acusadora del hombre frente a ella, su tono de voz amable no cuadra con la expresión en su rostro. Su ceño se frunce con repentina irritación al ver la sonrisa de él ensancharse.
- No, no importa - contesta con una mueca en sus labios que intenta ser una sonrisa, pero no tiene las ganas ni el ánimo para fingir bien una. Se aferra a su bolso a la vez que despega su espalda del árbol, moviéndose instintivamente para no quedar atrapada entre el hombre y él. - Ahora, si me disculpas... -comienza con intenciones de irse, dejando la frase a medias y alejando su vista de aquellos ojos tan azules como el mismísimo cielo y a la vez tan fríos como el hielo. Da un par de pasos retrocediendo, con los dientes apretados por el tobillo recientemente torcido. - He tenido un mal día, siento ser descortés, no ha sido tu culpa - aclara al final. Autoconvenciéndose de lo que acaba de decir, porque tiene un mal presentimiento sobre el hombre y toda la situación, pero no se quedaría tranquila si simplemente se va. Espera un par de segundos para ver si tiene una respuesta, de no ser así simplemente daría media vuelta y escaparía de una vez del cementerio. Lo único que le faltaba era que el cuervo decidiera regresar.


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MensajeTema: Re: Lápidas Dom Nov 20, 2011 3:12 pm

Los ojos entornados de Damon seguían paseándose por el rostro de la chica que se encontraba a pocos metros de él, examinándola, analizándola detalladamente. El depredador imponía con su siniestra presencia. La estaba intimidando con la forma de observarla, con su silencio perturbador o con esa oscuridad indescifrable de sus sinuosas palabras. Siempre lo hacía con sus víctimas. Gustaba de causarles terror, de jugar con ellas antes de perforarles el cuello y beber de sus esencias hasta arrebatarles la vida. Pero esta vez era distinto. No podía evitarlo. El mirarla, el hecho de comprobar que verdaderamente la joven que estaba frente a él no era Katherine. Definitivamente el parentesco con ella era desconcertante.

Aquella sonrisa de Damon, que se había tornado burlesca, seguía adherida de forma permanente en su rostro. Ni tan siquiera las primeras palabras de la joven le hicieron reaccionar. Él estaba simplemente allí de pie, sin moverse ni un sólo centímetro, observándola. Finalmente la muchacha se apresuró a separarse del árbol, y sus palabras afirmaron la intención de aquel gesto. Iba a irse de allí. El vampiro parecía no inmutarse ante la reacción de la muchacha. Es más, mantenía esa sonrisa, aunque no tan pronunciada. Sin embargo sus ojos de un extraño tono celeste seguían perforándola, traspasando sus orbes pardos hasta palpar su alma. Con tan sólo pensar en cómo gustaría su sangre se le hacía la boca agua. El silencio por parte de Damon resultaba inquietante.

Los fuertes brazos del depredador arropados por una chaqueta negra de cuero se cruzaron, apretándose contra su pecho. Un único y simple movimiento que le otorgó a la muchacha en cuanto esta se excusó diciendo que aquel no había sido un buen día. Ante todo pronóstico Damon dio un paso hacia delante, tan sólo uno, y paró de nuevo, esperando la reacción de la humana. Volvió a inclinar la cabeza, divertido, y parpadeó los ojos un segundo. - Huyes de mí porque tienes miedo. Te he pedido disculpas, ¿cual es el problema? - le preguntó en un murmuro que fingía incomprensión, aunque su expresión sarcástica volvía a delatarlo.

Se acercó peligrosamente cerca de ella al dar un par de pasos más. - Te has echo daño. Te he visto tropezar y aún así crees que serías lo suficientemente rápida para escapar. - otra sonrisa torcida apareció en su rostro, más sombría que las anteriores. La mirada fría y provocadora del vampiro estaba puesta en los labios de la chica. - Tranquila, es una broma. No pretendo incomodarte, no es mi intención. - volvió a decir. Mostró parte de sus dientes, y aunque un pequeño sonido se escapó de sus labios, no terminó por reír.




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MensajeTema: Re: Lápidas Dom Nov 20, 2011 3:56 pm

No puede hacer más que quedarse quieta bajo la apabullante mirada de él. Sabe que debería alejarse, que algo va realmente mal. Suspira con cansancio, su rostro denota la contrariedad y confusión que siente, está comenzando a impacientarse y a ponerse realmente nerviosa. Alza una ceja en dirección al misterioso joven, esperando algún tipo de respuesta, pero sólo obtiene aquella sonrisita que la irrita y sigue confundiendo, no consigue nada más con sus palabras, es casi como si le hablara a una roca. Frustrada y asustada decide que lo mejor que puede hacer es acabar con aquello de una vez y marcharse, está perdiendo su tiempo.

Antes se seguir su camino observó de reojo al joven cruzarse de brazos como única respuesta a sus últimas palabras. La chaqueta de cuero se apegaba a sus brazos y vestía todo de negro. Era, sin duda, sumamente guapo y la clase de chico malo que Caroline adoraría. Y quizás a ella también le gustara, de no ser porque está aterrorizada por su comportamiento y porque la mira con una expresión que es incapaz de descifrar. Se queda quieta, dándole una segunda oportunidad para hablar. Elena ni siquiera se mueve cuando él avanza un paso en su dirección, pero su cuerpo se tensa, como si sintiera la necesidad de correr. Frunce el ceño ante el tono divertido que él utiliza. Ella no le encuentra la gracia a la situación.

- El problema... -comienza a decir con el mismo tono con el cual suele regañar a su hermano Jeremy, harta de la actitud del ojiazul. Si quería, además de asustarla, hacerla enojar, pues vaya que lo estaba consiguiendo. La frase se ve interrumpida por la distancia que los separa, la cual de un momento a otro se ha hecho menor debido al paso que él ha dado. El comentario que suelta con aquel tono de voz tan lúgubre y sombrío la hace palidecer. Relame sus labios, secos por el frío, e intenta hablar, pero de pronto se ha quedado sin voz.

Se voltea bruscamente, haciendo que su largo cabello castaño rozara el rostro el chico. Está a varios metros de la salida y aún si lograra correr hasta allá, dudaba cruzarse con alguien que pudiera ayudarla. Volvió a clavar sus ojos marrones en él, al oírlo decir que sólo era una broma. Su vista se dirigió a su sonrisa, que dejaba ver unos perfectos y blancos dientes que le provocaron un escalofrío. Parpadeó contrariada y pasó una mano por su cabello, soltando una exclamación de incredulidad.

- ¿Cuál es tu intención entonces? - pregunta directamente a la vez que retrocede un paso, sintiéndose como un conejillo indefenso frente a su depredador. - ¿ Qué haces aquí ? ¿ o hace cuánto tiempo estás aquí? - volvió a cuestionar, al recordar que había mencionado que la había visto tropezar. - Mira, no sé qué pretendes, pero si al comienzo querías asustarme, pues vale, lo has logrado. - dijo acompañando la frase con un movimiento de cabeza, irritada. Acomoda su bolso bajo el brazo, esta vez dispuesta a irse. Se voltea lentamente, sin dejar de mirar al misterioso hombre de reojo. En su mente calcula las posibilidades de poder salir de ahí a salvo, pues no confiaba en aquella sonrisa burlona y ojos cristalinos.


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MensajeTema: Re: Lápidas Lun Nov 21, 2011 3:20 am

Eran un secreto a voces las intenciones oscuras del vampiro. Probablemente se alimentaría de ella, la manipularía y se convertiría en una de sus marionetas. Y haría con ella todo lo que le apeteciera. Además, se jactaría de la moralidad de su hermano, provocando su furia y exaltando aquellos celos que les condenaron a ambos; el amor por una mujer cuyo rostro se veía plasmado misteriosamente en el de aquella chica. Pero ocurría algo extraño cada vez que se sumergía en sus ojos marrones. Como si la joven muchacha se convirtiera en intocable de un momento a otro para él. Indiferente, quiso pensar que su apariencia seguía aturdiéndole, porque lo hacía. Y curioso, siguió examinándola minuciosamente, como hasta ahora.

Damon sabía hacerse temer, o simplemente, era así de dantesco. Fuese como fuere, las expresiones de la joven que se entremezclaban con el nerviosismo y el temor reiteraban la teoría. Para un depredador como él, la poca distancia que les separaba le daba la oportunidad de extasiarse con el aroma que desprendía la muchacha. Podía escuchar los latidos raudos de su corazón, su torrente sanguíneo en movimiento, e imaginarse cómo sus colmillos podrían hacerse paso contra su bronceada piel hasta llegar al elixir de su vida. Movió sus labios y tragó saliva. Sin embargo, su mirada seguía fría e impasible; no había ningún signo que desenmascarara al depredador que se escondía bajo esas facciones agresivas y cautivadoras.

En el instante en el que ella movió bruscamente la cabeza para calcular la distancia de donde se encontraba la salida, retornando recelosa y desconfiada su mirada en él, Damon, se dedicó a enarcar sus cejas negras y a torcer el gesto en una mueca que fingía incomprensión. Como si no entendiera en absoluto lo que pretendía hacer la chica, aunque realmente lo comprendía; la ironía del vampiro rompía con su pésima actuación. Se descruzó de brazos cuando la muchacha le asaltó con su primera pregunta. Mientras la escuchaba, sus arrebatadores ojos azules volvieron a posarse en sus labios. Cuando ella terminó de pronunciarse, empezó a voltearse con lentitud, como si esperara una respuesta por parte de él, o quizás, buscando el momento oportuno para salir corriendo.

Damon se movió de su ubicación, interponiéndose en el camino de ella. El depredador, con una sonrisa, cerró los ojos y empezó a asentir lentamente con la cabeza. De sus labios volvió a escaparse un pequeño sonido, aunque seguía sin reírse.
- ¿De verdad quieres saber mis intenciones? - afiló fieramente sus pupilas en las de ella.

Y el silencio perturbador regresó. Tan sólo una fría ráfaga de viento azotó de manera brusca a los presentes. La mata de pelo negro de Damon se removió y sus mechones se adherieron en su frente. - Estoy buscando a alguien, simplemente. - repuso, con el ceño ligeramente fruncido y gesticulando con una mano hasta posarla en su pecho. Aparentaba serenidad con su tono de voz exageradamente amable, aunque sus labios cargados de ironía y el singular movimiento de sus parpadeos revelaban la verdad; se estaba riendo de ella.




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MensajeTema: Re: Lápidas Lun Nov 21, 2011 4:15 pm

La desventaja es clara, dolorosamente obvia y patente para la humana como para el otro ser. Se adentra en un juego en donde no tiene ni la más mínima oportunidad de ganar, o de por lo menos, no perder algo de gran valor. Desconoce las reglas y el objetivo, y sabe que es demasiado tarde como para echarse atrás. Debió haber huido mientras podía, antes de ser absorbida por la oscuridad que el hombre emanaba con cada una de sus facciones, gestos y movimientos. Ya era demasiado tarde. Muy, muy tarde. La curiosidad había podido con ella y la situación en la que literalmente salió de las sombras le impidió seguir su instinto, que le gritaba a voces salir de ahí. Pero Elena Gilbert era muy buena ignorando lo que deseaba.

Tal como temía y en su momento había imaginado, de un grácil movimiento han invertido posiciones y el hombre vestido de negro le ha cortado el paso hacia la salida. Ya no tiene dudas de que lo hace a propósito, de que la está fastidiando sin embargo duda de sus intenciones. No quiere aceptar la realidad y que probablemente, el lío en el que se ha metido es mayor de lo que sospecha. No tiene claro cuáles de esas palabras pronunciadas con tanta ironía creer. Hasta el momento se ha perdido la mitad de la conversación, porque sólo ella habla, porque otra vez vuelve a caer en el juego que sólo él conoce.

Esa interrogante en respuesta a su pregunta suena tan tétrica como lo sería en una película de terror barata. La morena alza sus ojos por sobre la cabeza del chico, como si reprochase al cielo por la situación en la que la ha metido. Sabiendo que ningún tipo de salvación divina le ayudará, posa sus ojos directamente sobre aquellos iris azulinos. Sus ojos marrones resplandecen acuosos por la impotencia, el brillo fiero de quien espera respuesta. Queman y se enfrentan con aquellos ojos que por más claros que sean, sólo transmiten oscuridad. Se sumerge en ese pozo sin fin, en esos ojos tan fríos y que a la vez queman, como el mismisimo hielo. Sólo una ráfaga de viento parece sacarla de su aturdimiento, helado y seco que remueve sus cabellos sin delicadeza. Despeja su mente de aquella nebulosa en la que sola se había sumergido.

Elena rueda los ojos y suelta el aire por los labios, ahora es ella quien se cruza de brazos, expectante. No va a permitir que siga jugando con ella, porque no se lo merece, porque él no la conoce y jamás lo hará. - Entonces -comienza a decir, con una voz cortante y fría que no reflejan en nada su personalidad. - Que tengas suerte buscando. - con los labios fruncidos hace un gesto con la barbilla, indicando las lápidas que los rodean. - Lamento quitarte tu tiempo. -el sarcasmo es casi tangible en su voz, y sus palabras van acompañadas de una expresión que no alcanza a ser sonrisa, pero que es sumamente irónica.

Sin pensarlo y guiada por su enojo, tan impulsiva como siempre, posa su mano derecha en el brazo férreo de él con intenciones de apartarlo de su camino. En cuanto lo hace una sensación desconocida se apodera de ella y mientras sus ojos se encuentran fugazmente con los de él retira su mano tan rápido como la había posado y pasa por su lado sin rozarlo otra vez. Avanza cabizbaja, ignorando el dolor latente de su pie e intentando divisar el suelo por el que camina a través de la baja niebla que aún cubre el paisaje.


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MensajeTema: Re: Lápidas Mar Nov 22, 2011 7:44 am

La reacción de la muchacha fue totalmente contraria a la que él esperaba. Por unos instantes creyó anticiparse a lo que haría la chica; su rostro congelado y sus ojos aguados la delataban. Huir, empezar a correr... Era lo más frecuente. Algunos más extremistas lloriquearían o empezarían a gritar, mientras que el miedo apresarían sus cuerpos hasta robarles la movilidad. Aquella era la reacción que provocaban las negras y punzantes palabras de un hombre de aspecto dantesco que sabía y gustaba de exhibir su aura de oscuridad de forma retorcida. Pero el enfrentamiento de la muchacha ante aquella situación se escapó de toda lógica, y eso sólo despertó aún más la curiosidad del vampiro por la humana. Inclinó la cabeza y entrecerró sus párpados, perspicaz. En silencio. Aquel silencio sobrecogedor que ni tan siquiera las continuas ráfagas de viento podían romper.

Una de las cejas negras de Damon se enarcaron en cuanto la muchacha que se encontraba frente a él se cruzó de brazos. Manipularla. Era algo que había surcado por su mente durante los minutos en los que se dedicó a observarla desde la protección de las sombras. Podría haberlo sabido todo de ella con tan sólo un parpadeo; podría haberla controlado, hacerle creer cosas que no eran ciertas, hacer surgir en ella sentimientos irreales, embaucarla. Y hacerla suya. Era lo que quería, ¿no? Podría haberlo hecho ahora, en esos instantes de repentina fortaleza por parte de la chica. Pero una parte de él quiso ver la realidad, quiso que fuera real. No era humanidad, no era un sentimiento de protección. Era una mezcla de curiosidad junto a un cambio de planes en el último segundo.

Las palabras de la joven muchacha no obtuvieron una respuesta por parte del depredador, no la que ella esperaba, ya que una de las comisuras de los labios de Damon se torcieron en una sombría sonrisa; más oscura que todas las anteriores. La frustración y el enfado de la chica pareció apoderarse de ella cuando se atrevió a posar su mano en el fuerte y petrificado brazo del vampiro, intentando, en vano, apartarle del camino. Ella le soltó seguidamente como si con aquel contacto hubiera sentido realmente cuán peligroso era aquel ser ojiazul vestido de negro. El depredador seguía petrificado, sólo su cabeza y sus ojos eran los que se movían de un costado a otro, siguiendo los gestos de la humana. Y finalmente ella emprendió la marcha, rozando la chaqueta de cuero del vampiro al pasar por su lado.

- Puede que haya encontrado a esa persona... Elena. - reveló.

Y el cuervo hizo acto de presencia con su particular chirrido y violento aleteo al pasar por encima de la cabeza de Elena, perdiéndose en el horizonte.

Antes de que la chica pudiera regresar de nuevo su mirada allá donde se hallaba el vampiro, éste ya había desaparecido. La sombra había regresado a su hogar. Ya no había nadie.
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MensajeTema: Re: Lápidas Mar Nov 22, 2011 11:11 am

Con la espalda rígida continúa caminando, resistiendo la tentación de voltearse a ver al ojiazul de expresión sombría. Sabe, otra vez, que ha sido un error darle la espalda, pero ya no hay vuelta atrás. Debe salir de ahí lo más rápido posible y si no se arriesgaba, lo más probable era que estuviera ahí, presa de aquellos ojos azules, por varios y tormentosos minutos más. Su respiración y el latido de su corazón que resuena cerca de su cabeza es lo único que puede escuchar, además de sus propios pasos desacompasados. La voz profunda y masculina del hombre resuena en el lugar y llega directamente a sus oídos, paralizándola mientras un conocido aleteo aparece de la nada. Baja la cabeza instintivamente y de no hacerlo era probable que el cuervo de plumas extraordinariamente negras y brillantes chocara con ella.

La mente de la morena trabaja rápido, sumamente rápido a pesar de ser presa del más puro miedo. No tarda más de un segundo en asimilar que ha pronunciado su nombre. Elena. Elena. Elena. La sangre abandona su rostro y una palidez casi enfermiza reemplaza el suave tono tostado de su piel. Se voltea rápidamente y sus ojos recorren a gran velocidad el lugar en donde antes ella había estado parada. Sus ojos se abren con sorpresa y auténtico terror, confundida y aterrada por lo que acaba de suceder. Ahí no hay nadie. Ni siquiera algún vestigio de que el hombre vestido de negro estuviese por ahí.

La situación ha escapado de sus manos y no tiene sitio para la lógica. Está paralizada, rígida e incapaz de moverse por varios segundos mientras su pecho sube y baja con cada respiración que da. Y como si algo hiciese 'click' en su mente, el tiempo vuelve a correr y sus pies se mueven rápidamente hacia la salida. Comienza con un paso veloz, pero luego empieza a correr. No le importa el dolor de su pie, ni que da trompicones cada pocos pasos. Se voltea repetidas veces, temiendo encontrarse de golpe con los ojos de cristal escrutándola otra vez. Se sorprende a si misma cuando un sollozo interrumpe su agitada respiración. Ha llegado a su límite, el paroxismo del terror.

Una sensación de alivio se hace presente cuando logra salir del cementerio, pero no detiene su paso. Está exaltada, no puede comprender qué ha ocurrido y cómo es que él conocía su nombre. No se detiene a pensar, corre por las solitarias calles hasta quedarse sin aliento, hasta que respirar duele. Su mente no puede dejar de repetir la última frase del hombre, no sabe que significa, por que otra vez tiene la sensación de que se ha perdido gran parte de lo que él ha dicho y no le importa. No va a volver a encontrárselo y tiene que tranquilizarse de una vez. No puede regresar a casa en aquel estado.

FIN DEL POST


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